Alrededores
Un paseo por lepe y su entorno.
Mientras disfruta de sus vacaciones en La Antilla e Islantilla, queremos invitarle a un paseo por nuestro Lepe y su entorno más cercano para que lo conozca de una manera más profunda y para que su estancia entre nosotros le resulte lo más gozosa posible.
En La Antilla se encuentra la Barriada de Pescadores que data, según la información del Archivo Municipal, de finales del siglo XIX. En esas fechas, algunas familias de pescadores portugueses se asentaron en nuestras costas, llamados quizás por el auge de la pesca de la sardina, y desde entonces, siguen viviendo en el mismo sitio y se dedican aún al noble arte de la pesca artesanal.
Según hemos podido recabar, el primer asentamiento fue construido sobre chozas de madera, y fue ya por el año 1955 cuando cambiaron las chozas por las actuales casas, cedidas por el Ministerio de la Vivienda, al tiempo que se concedían en el barrio de la Pendola de Lepe una dotación de viviendas similares entre los pescadores del pueblo.
La barriada de Pescadores es en sí un barrio humilde, marinero, familiar y de especial interés para el visitante.
Salgamos de La Antilla. Le proponemos un corto viaje de cuatro kilómetros hacia El Terrón, el puerto pesquero de Lepe. En los últimos años, El Terrón ha notado como pocos el declive de la actividad pesquera. Aun así, el puerto ofrece unas vistas muy sugestivas a las marismas del río Piedras y a la Barra de Nueva Umbría y al inmenso Océano Atlántico, que ha sido durante la historia de Lepe testigo del desarrollo de un pueblo, que ahora ha encontrado su camino en la tierra.
Muy cerca de El Terrón se encuentra la Ermita de Nuestra Señora de la Bella, donde se celebra en el mes de mayo la romería en honor a la Patrona de Lepe. En el centro del recinto se encuentran situadas las ruinas del antiguo convento franciscano donde se descubrió la imagen de la Patrona en el interior de un arcón de madera el año 1494.
También muy cerca de El Terrón tenemos la playa de Nueva Umbría, que se extiende por toda la Barra del Piedras. Considerada como paraje natural, esta playa también ha sido declarada como zona nudista y en ella se puede disfrutar del baño tanto en el océano como en el río Piedras. Sus dunas y su vegetación han sido protagonistas en numerosos spots publicitarios por su belleza y su luz. El atardecer de Nueva Umbría es imponderable, así que no deje de visitarla.
Saliendo de Lepe podemos optar por una visita más: la espectacular Presa de los Machos, que embalsa el agua del río Piedras. A su alrededor proliferan, gracias a la roca caliza, los pequeños arroyos, lagos y saltos de agua, ideales para practicar el deporte del senderismo, así como el mountain-bike, en el marco incomparable de la Dehesa del Piorno.
Una vez visitado El Terrón y sus alrededores, no podemos obviar la obligada visita a Lepe, convertida en una ciudad de veinte mil habitantes y conocida por la hospitalidad y buen humor de sus gentes. La visita debería comenzar por la hermosa Plaza de España y, a continuación, la parroquia Santo Domingo de Guzmán declarada Bien de Interés Cultural ejemplo de arte mudéjar, cuya espadaña es la insignia de todo el pueblo de Lepe. En el interior de la iglesia se venera la imagen de Nuestra Señora de la Bella, ejemplar de las llamadas Vírgenes Eucarísticas, con un pequeño sagrario en el pecho. La imagen, tardo gótica y protorenacentista, es de talla natural, sentada en un amplio sillón de brazos; con la mano izquierda sostiene al Niño, que está de pie sobre sus rodillas y con la derecha le sustenta levemente el pie.
Bajando la calle Iglesia, se encuentra la ermita de San Cristóbal, que en la actualidad está siendo restaurada, también de estilo mudéjar, que fue casi destruida por el gran terremoto de 1755.
Un poco más lejos, en la entrada del pueblo, se erige el Parque del V Centenario, que posee un grupo escultórico obra de Francisca Martín-Cano Abreu, artista local de reconocido prestigio.
Conozca la playa de La Antilla.
La playa de La Antilla, junto con Islantilla, son las dos joyas de la Costa de la Luz Onubense. Kilómetros de playas de finas arenas, muchos de ellos aun vírgenes, con un número envidiable de horas de sol al año. Paseando desde La Antilla hacia el este o levante, está la playa de Nueva Umbría, paraje natural que ofrece al visitante lo mejor en estado puro. En Nueva Umbría y, señalizada al efecto, se encuentra la primera playa nudista de la provincia.
En La Antilla e Islantilla el visitante puede encontrar, dependiendo de la época del año, todo lo que puede ofrecer un núcleo de descanso y ocio de importancia: hoteles, campos de golf, práctica náutica, excelente restauración, y la ocasión de disfrute tanto de descanso o relax como de diversión asegurada.
En la Playa de La Antilla, con más de dos kilómetros de largo se encuentra una arena fina y dorada, cuenta con una amplia gama de servicios. Los equipos para practicar diferentes deportes náuticos se juntan con los chiringuitos (algunos abren todo el año), y los restaurantes, haciendo de esta playa un lugar privilegiado a la hora de elegir un sitio en la costa onubense.
Varios kilómetros de longitud posee la playa de Nueva Umbría “única playa nudista de la provincia de Huelva” a la cual se puede acceder directamente desde La Antilla caminando. Pero es más bonito acceder por las marismas del Catalán, por el sendero de Nueva Umbría. Los sedimentos de las corrientes fluviales, las mareas, la deriva litoral y los vientos han constituido este brazo de arena que se alarga a lo largo de la costa. Al ser un paraje virgen y semiaislado no tiene los servicios de otras playas, aunque merece la pena visitarlo.
Tres mil horas de sol anuales. Trescientos días despejados y con temperaturas suaves, tanto en invierno, con el mes más frío sin bajar de los 10 ºC, de temperatura media, como en verano, cálido y con temperaturas medias entre los 24º C y los 28º C de Julio y Agosto.
Islantilla es una hermosa encrucijada de luz y mar situada en uno de los rincones más privilegiados de la Costa Andaluza, entre las aguas de Lepe e Isla Cristina.
La bondad de su clima, la riqueza de su gastronomía y su incomparable entorno natural la convierten en un destino paradisíaco a medio camino entre El Algarbe y Sevilla, un jardín junto al océano Atlántico en el que el golf, los deportes náuticos y el sol comparten protagonismo con la tradición y la cultura de una comarca cargada de historia Colombiana.
Sus más de 3.000 horas de sol anuales y los 22º de temperatura media que acarician sus playas permiten la perfecta combinación del descanso y el ocio activo, con una interminable oferta de actividades como el senderismo, la vela, el piragüismo, los paseos en bicicleta y a caballo o las excursiones en barco hasta parajes vírgenes…
Las modernas instalaciones de este complejo turístico incluyen, además de una variada gama de hoteles perfectamente equipados con piscinas, zonas ajardinadas, zonas de recreo infantiles, un magnífico campo de golf con 27 hoyos y un centro comercial con vistas a inolvidables puestas de sol sobre su paseo marítimo.
El sabor de su tradición
La gastronomía típica de la comarca en la que se circunscribe Islantilla es una tentación a la que resulta imposible resistirse, producto de una larga tradición culinaria esculpida a partir de los más suculentos frutos del mar y de la tierra.
La variedad de establecimientos de restaurantes que ofrecen sus exquisitas especialidades a quienes visitan Islantilla permite degustar desde el mejor marisco y pescado traídos desde los puertos de Lepe e Isla Cristina, hasta los postres naturales más apetecibles materializados en frutos como el fresón, el higo o las frutas tropicales. Todo esto sin obviar la oportunidad de paladear el sabor inconfundible de la carne ibérica y el jamón procedente de la cercana Sierra de Aracena, o la famosa gamba de Huelva.
Como añadido, en Islantilla la gastronomía tradicional tiende su mano a la cocina más elevada, con exquisitos platos elaborados en centros de formación de la talla de la Escuela de Hostelería, germen de los mejores profesionales de la restauración, cuyo toque maestro reside, en gran medida, en la inigualable calidad de los ingredientes autóctonos empleados en sus recetas.
La repostería ocupa igualmente un destacado lugar en la gastronomía local, con delicias como la coca y las perrunillas de coco de Isla Cristina, o el dulce de calabaza y la torta de Semana Santa de Lepe.
Déjate seducir por el paladar y quédate con el recuerdo de un crisol de aromas y sabores auténticos. Islantilla seduce por los cinco sentidos.
El tiempo se dilata en Islantilla. La serenidad de sus amaneceres sobre parajes naturales y la cadencia de sus atardeceres rojos sobre el Atlántico marcan un ritmo vital que permite al cautivo de Islantilla planear un millar de actividades en las que invertir su estancia.
Para quienes se refugian en la tranquilidad de la naturaleza, Islantilla es un paraíso verde ebrio de especies protegidas desde donde explorar reservas como las Marismas de Isla Cristina y del Río Piedras, o la Flecha de El Rompido.
Las instalaciones destinadas a la interpretación de la naturaleza son otra alternativa para el visitante, con centros como el Aula Marina de El Terrón, el Molino de Mareas o la Torre de El Catalán, además de un circuito de senderos y rutas fluviales que recorren a trozos la comarca y su litoral.
Las playas de Islantilla son otra forma de interpretar el discurrir el tiempo sostenido, contemplando sus amplias extensiones de fina arena blanca y disfrutando de una variedad tan amplia que abarca desde zonas vírgenes o nudistas hasta otros tramos perfectamente equipados con accesos fáciles y todo tipo de servicios para los bañistas.
Pero Islantilla es mucho más. Deporte y cultura, tradición y ocio activo tienen su lugar en un escenario capaz de albergar la práctica de piragüismo, vela, surf, tenis, voley… combinada con un apretado calendario de fiestas populares, exposiciones o muestras de música, teatro y cine.
Y como experiencia, su paseo marítimo. Una línea discursiva paralela al litoral que regala a la vista ocasos eternos sobre el océano, y para la que el horizonte de Islantilla es una delicia hecha colores.
Y volver.
Conozca La Redondela
En 1845, La Redondela es un municipio eminentemente agrícola que “produce muchos higos, poco trigo y semillas; hay ganado cabrío y caza de conejos y perdices” (Madoz, 1845).
“La agricultura se alternaba con las faenas de almadraba del atún en su temporada y con actividades de la pesca artesanal” (Jurado Almonte, 1995)
Poco a poco, La Redondela comienza a perder importancia económica, política y social, con un descenso importante de sus efectivos humanos. Así en 1845 sólo reunía 473 habitantes.
En el año 1882, dada la precariedad de su desarrollo económico y las deudas municipales, solicita la intervención de la recién creada Diputación Provincial a fin de buscar soluciones para el saneamiento de su economía. Fue entonces, en el año 1887 cuando se establece un acuerdo tripartito entre la Diputación, el Ayuntamiento de Isla Cristina y el propio de La Redondela, produciéndose la anexión de todo el municipio al de Isla Cristina.
Su historia
La villa de La Redondela remonta sus orígenes a tiempos de la dominación fenicia. Desde su conquista cristiana a los árabes a mediados del siglo XIII, su destino fue parejo a las villas de Ayamonte y Lepe, como tierras de señorío, formando parte de los Guzmanes de Niebla. A partir del siglo XVI pasa a formar parte del Marquesado de Ayamonte y, desde mediados del siglo XVII, al Marquesado de Astorga.
Esta situación se mantendría hasta la abolición de los señoríos en el primer tercio del siglo XIX.
La Redondela, con una rica agricultura y actividades pesqueras, conformó un núcleo de población notable hasta finales del siglo XVIII. A partir de aquí, los canales navegables se estrechan, debido a procesos de erosión natural que ciegan, poco a poco, el Canal de la Tuta y su salida al mar, especialmente después del terremoto de Lisboa de 1755. Este
hecho supuso un duro golpe para la población que perdió hombres y riquezas.
La Redondela se vuelca principalmente en tres grandes celebraciones: La Festividad del Huerto, el Domingo de Resurrección; La Romería en honor de la Virgen de la Esperanza, el último Domingo de junio y Las Fiestas Patronales, el segundo Domingo de Agosto
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